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Taste Portugal

Cataplana de ameijoa
Foto: Mário Cerdeira
Foto: Mário Cerdeira

Para no perderse
  • tomar un café acompañado de un pastel de nata o de cualquier creación de la pastelería portuguesa.
  • probar las excelentes aceitunas portuguesas
  • probar un sencillo pescado a la parrilla, aderezado con aceite portugués
  • deleitarse con el excelente marisco portugués
  • probar al postre uno de los muchos postres conventuales: arroz con leche (arroz doce), leite creme, pão-de-ló, barriga de freira, papos de anjo, tocino de cielo y muchos otros.
  • probar la pera rocha do Oeste, la manzana bravo de Esmolfe y la manzana de Alcobaça, la ciruela de Elvas, las cerezas de Cova da Beira o la piña de las Azores. Todas ellas son frutas con DOP.
  • probar un vino blanco fresco en un día caluroso y, preferiblemente, con platos de pescado y marisco; o un tinto con cuerpo con platos fuertes o de carne.

Portugal es un secreto bien guardado en lo que a la gastronomía se refiere. Y tiene todo lo necesario para agradar a los paladares más exigentes porque se basa en productos de excelente calidad, cocinados según las recetas tradicionales o según las tendencias más innovadoras e inusitadas.

Podemos afirmar que la gastronomía portuguesa se estructura en torno a cinco iconos fundamentales. Comencemos por el pescado de nuestra extensa costa atlántica, el mejor pescado del mundo, en opinión de prestigiosos chefs internacionales. El hábitat y la situación geomorfológica específica en el Atlántico le aportan condiciones únicas de nacimiento y crecimiento que hacen que adquiera un sabor y textura difíciles de igualar en otros lugares. Los mejores pescados se obtienen con caña y métodos artesanales. Después se almacenan y distribuyen mediante alta tecnología, lo que les permite llegar, al igual que el marisco, en las mejores condiciones a los restaurantes de categoría superior de Europa y de América para que los confeccionen los mejores chefs mundiales. Sin embargo, estos no disponen de otro icono de la cocina portuguesa, la cataplana, un utensilio que hace las delicias de los entendidos y de los que disfrutan utilizando todos los sentidos a la mesa.

El tercer icono de la gastronomía portuguesa es el vino de Oporto, considerado suntuoso y sensual. El suelo, trabajado por el hombre, y el sol, que madura los frutos, le aportan unas características únicas. Si recordamos que las uvas crecen en la región demarcada más antigua del mundo, catalogada Patrimonio Mundial por la Unesco, al igual que las bodegas de Gaia en las que envejecen estos vinos, no podemos evitar sonreír al comprender que la naturaleza y el hombre han sabido unirse para crear un vino excepcional.



Hablemos ahora de la repostería portuguesa. Esta consigue que alabemos a Dios, al igual que las antiguas monjas mientras preparaban recetas de azúcar, huevos y almendras en la reclusión de los conventos. Por esto y por el equilibrio entre su sabor y textura cremosa y crujiente, existe otro icono de la gastronomía portuguesa que puede considerarse un bocado celestial: ¡el pastel de nata!



El quinto icono de la gastronomía portuguesa reside en el factor humano. Nuestros chefs, cada vez más talentosos y premiados, están revolucionando la riqueza de la cocina portuguesa con creatividad, osadía y buen gusto. Actualmente Portugal se enorgullece de poder contar con una generación de chefs que practican una cocina de gran nivel, mediante recetas seculares o por caminos menos trillados que muchas veces realzan el sabor y calidad de los productos locales.



Pero todavía nos falta hablar de otros productos que también distinguen la comida portuguesa. Las carnes DOP provienen de razas autóctonas (el cerdo bísaro y el cerdo negro, la ternera arouquesa, maronesa, mertolenga, barrosã o de Lafões, el cabrito de Barroso, charnequeiro o transmontano, el cordero terrincho o bragançano) cuyos productores se empeñan en mantener su capital de sabor y suculencia. Las frutas y vegetales frescos son la base de la gastronomía portuguesa y de sus características más mediterráneas, en una cocina saludable, sencilla y variada. Son el producto de una tierra fértil, que sabe adaptarse a nuevos procesos de producción biológica, respetuosa con el hombre y el medioambiente. Para aderezarlos tenemos otro producto mediterráneo, un aceite de oliva puro y aromático que conquista mercados internacionales con cada día que pasa. Con él aderezamos el pescado, las sopas, las ensaladas y los quesos. Sí, los maravillosos quesos serranos producidos en Portugal y que todavía siguen siendo auténticos desconocidos para el resto del mundo. Cremosos, untuosos o secos, de cabra y de oveja, también nos hacen dar gracias al Cielo.

Y para acompañar todo esto, tenemos otro secreto que está dejando de serlo: nuestros excelentes vinos de mesa. Fruto de una nueva generación de enólogos y productores, y de una nueva visión sobre el cultivo de la viña, los vinos portugueses son la bebida adecuada para acompañar cualquier comida y siempre habrá un vino de gran calidad independientemente del lugar del país en el que nos encontremos.

Ahora solo falta sentarnos a la mesa y brindar por una experiencia deliciosa.


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